Océano África de Xavier Aldekoa

Océano África son 290 páginas de historias, personas y sus vivencias. Es un libro que no se pierde en la magnitud de los datos, sino que nos acerca a esas caras que hay detrás de las cifras de los estudios que a diario nos ponen de manifiesto la preocupante realidad de un continente, la abstracta África. No es un libro de verdades absolutas sino de experiencias vividas por el periodista Xavier Aldekoa a través de las cuales nos muestra “algo” de África.

Digo mostrar que no contar o describir porque Aldekoa consigue de forma sencilla y cercana mostrar una parcela de los diferentes países que se incluye en este libro a través de las personas que se encuentra en su camino. Personas que marcan una ruta en un territorio en el que los mapas y brújulas parecen inútiles, un continente que es pura efervescencia.

El optimismo africano

Historias de lucha, entrega, compromiso, injusticias y corrupción. Historias a las que sus protagonistas plantan cara con ese optimismo en muchas ocasiones imprudente, una actitud a la que Aldekoa llama el optimismo africano. Comparto sus palabras porque entiendo que este planteamiento puede ayudar a entender la fuerza y compromiso del africano con su tierra: “El optimismo africano nace del deseo. Por eso a veces es un optimismo kamikaze que pacta compromisos improbables o mantiene esperanzas imposibles”. (Página 22).

La mujer africana

El papel dinamizador de la mujer en África es presentado por Aldekoa como argumento explicativo del desarrollo del país, además de habérmelo encontrado como conclusión en otras fuentes y recursos en las que se defiende que el futuro de África tiene nombre de mujer. Una realidad que mantiene al continente con el compromiso cotidiano y que a diferente escala a día de hoy también se manifiesta en otras situaciones como se puede leer en el siguiente artículo: Las africanas, a la conquista de los puertos. De las palabras de Aldekoa para presentar a esa luchadora que es la mujer africana, me quedo con las siguientes: “La mujer africana es el héroe olvidado de África. Porque no sólo es, aunque invisible, el motor del continente, sino que también en su pieza más fiable: una mujer africana jamás desaprovecha una oportunidad para sacar adelante a los suyos. (Página 164).

La presencia china en África

Este aspecto lo destaco porque hace pocos días leí un artículo de Chema Caballero titulado ¿Por qué ahora África sí importa a los Estados Unidos?. A continuación leí el último capítulo de Océano África titulado Chináfrica, sólo es cuestión de unir las dos partes y encontramos una fotografía bastante clara de los intereses de dos potencias como EEUU y China en el continente africano.

Me detengo en Kenia

Me detengo en el capítulo de Kenia porque es el destino que he elegido para hacer mi voluntariado y por ser noticia en los últimos días debido al atentado terrorista en Garissa llevado a cabo por el grupo yihadista somalí Al-Shabad. La relación entre Somalia y Kenia es una realidad de tensión materializada a través del mayor campo de refugiados del mundo, Dadaab. Es ésta la localización en la que Aldekoa nos muestra la dureza de la vida en África a través de esas madres que pierden a sus hijos en el camino, ancianos que a duras penas pueden mantenerse en píe y personas obligadas a huir de su tierra para convertirse en habitantes de una ciudad de plástico.

Tras el atentado de Garissa, Kenia solicita a la ONU el cierre del campo de refugiados de Dadaab y días antes del atentado anunciaba su intención de construir un muro de 700 km en la frontera de Kenia con Somalia. Esta situación coincide 15 días antes de mi partida a Kenia, así que para seguir la actualidad del país además de seguir la cuenta de twitter de @xavieraldekoa,  sigo a otros periodistas que residen en el país y que me ayudan a estar al día de lo que está ocurriendo, puedes consultarlo aquí.

Próxima lectura: Ébano de Ryszard Kapuściński

“Este continente en demasiado grande para describirlo. En todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.

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