Voluntariado en Gambia – La experiencia de Cristina con la ONG Jammeh Foundation

Alegre y positiva. De esa positividad que se pega. De esas ganas de hacer, aprender y participar que se contagia. Hoy en Vacaciones Solidarias, la experiencia de Cristina en Gambia con la ONG Jammeh Foundation ¡Muchas gracias Cristi por compartirlo con nosotros! 😉

Sin excusas para no hacerlo: me voy de voluntariado

Mi nombre es Cristina. Tengo 32 años. Soy enfermera de urgencias desde hace once años, trabajo que me apasiona. Además en mayo me gradué en psicología clínica. El cuidado de los demás se ha convertido en mi razón de ser.
Siempre he anhelado realizar un voluntariado, pero cada vez que se me ocurría la idea acudían a mi cabeza mil y una excusas para no realizarlo. En esta ocasión me rondaba la idea de lanzarme a la aventura y pude ver que no me invadió ninguna excusa. Supe entonces que era el momento perfecto de liarme la manta a la cabeza.

Investigué por internet las distintas opciones que se me brindaban y al final opté por la que más me convenía: unas vacaciones solidarias de veinticuatro días que ocupaba el tiempo de mis vacaciones sin comprometer mi puesto de trabajo. Era perfecto. A través de un intermediario me puse en contacto con la ONG Jammeh Foundation en Gambia para participar en un proyecto sanitario. Tenían otras opciones de proyectos para distintos perfiles de personas y en todas partes del mundo. A pesar de ello mi experiencia os recomienda que si os vais a lanzar en esta aventura contactéis directamente con la ONG y así no os llevaréis sorpresas tales como la desinformación.

¿Cómo he colaborado con la ONG?

Cristina en Gambia - ONG Jammeh Foundation - Vacaciones Solidarias

Con los compis en el hospital

Mi función en la ONG era asesorar al personal sanitario con mi experiencia, pero una vez en el campo de batalla me asignaron funciones de médico. Muchas personas que atender y muy pocos medios. Era complicado trabajar con tu cuerpo allí y con tu mente en las posibilidades con las que contamos en el mundo desarrollado. La emoción que te embargaba era la de impotencia y frustración. Aun así haces de tripas corazón y trabajas con los medios de los que dispones aprendiendo a manejar tu propio mundo interior. El trabajo en el hospital se convirtió en una experiencia muy interesante y a día de hoy puedo confesar que aprendí mucho más de lo que pude aportar.

Mi día a día en Banjul seguía un patrón rutinario. Por la mañana trabajaba en el hospital, después tomaba el almuerzo en casa de mi familia gambiana. La tarde la pasaba en sus playas paradisíacas (cuando no diluviaba, que era a diario) y para terminar el día acudía a un gimnasio. Además he aprovechado mis días libres para adentrarme en el interior del país. Fue abrumador descubrir como sobreviven algunas personas y como con mi humilde ayuda pude arrancarles una gran sonrisa.

Cristina en Gambia - Vacaciones Solidarias

Aprendiendo: ablución para el rezo

Compartí mi aventura diez días junto con Marta y Sara, dos compañeras que trabajaban conmigo en el hospital. Además tuve la suerte de encontrarme con Raul Colomé, escritor de versos nómadas y fundador de la ONG Camins Solidaris en el país. Me regaló su libro y ciertos consejos que me resultaron muy útiles. El resto de mi familia allí estaba compuesta por amigos de Gambia.

Viví mi experiencia entregada a su forma de vida

Mis condiciones de vida tampoco han sido fáciles. Vas muy mentalizada de que pasarás miserias pero nada de esto te sirve hasta que no lo vives de verdad. Las condiciones higiénicas eran prácticamente nulas, los insectos invadían las casas, la comida es muy picante, he vivido gran parte de mi experiencia sin luz…… El primer día sufres un choque cultural frontal, pero después sólo te quedan dos caminos por los que optar. Yo elegí ser una más de ellos. Viví mi experiencia entregada a su estilo de vida. Incluso me hicieron una ceremonia de bienvenida al musulmán. Y rezé con ellos. Y comí con ellos. Y sobreviví con ellos. Fueron sólo veinticuatro días pero me hicieron sentir como si llevara allí toda la vida.

Y cuando regresas…

A mi regreso me sentí plenamente bendecida por todo lo que tengo en la vida, que hasta ahora creía que me correspondía por el simple hecho de nacer. Y realmente era así, por nacer en esta parte del mundo. No me queda más que aceptar la desigualdad de la que he sido testigo y ofrecer mi ayuda cada vez que se preste. Mis rezos desde entonces no me llevan a mi como protagonista….

Días después de volver pude saber que una de mis amigas de allí le había puesto mi nombre a su bebé que acababa de nacer. Me sentí realmente sorprendida de su capacidad de gratitud. Y supe que somos el mundo desarrollado simplemente por los medios económicos con los que contamos. Nos queda mucho que aprender de ellos.
Repetiré esta experiencia, quizás en otras partes del mundo. Aconsejo a quién tenga inquietudes que salga de su zona de confort para adentrarse en las tinieblas….

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